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En 1933 Butts solicitó una patente para su juego Lexico, que le fue denegada.
Del mismo modo, cuando lo presentó a dos fabricantes de juegos,
Parker Brothers y Milton Bradley, sólo recibió una cortés
negativa.
Butts no tiró la toalla, y en los siguientes 5 años fabricó
él mismo casi 200 juegos que regaló o vendió a sus amigos,
pero Lexico no llegó más lejos. No era un éxito comercial.
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